Prompteo

Unidad 2 · 1 min

Tu cliente y tu promesa

Cómo angostar lo que ofrecés dentro de tu oficio, no lejos de él: quién tiene el problema, cuánto le duele y qué promesa se puede decir en una frase.

Angostar no es dejar tu oficio: es decir para quién lo hacés y qué problema resolvés. Un ejemplo inventado para practicar: no "hago uñas", sino "uñas cortas y resistentes para quienes trabajan con las manos todo el día".

Cuatro preguntas para elegir cliente:

  • ¿Quién tiene el problema? Una persona concreta, no "todo el mundo".
  • ¿Cuánto le duele? Si no le importa, no paga.
  • ¿Cada cuánto le pasa? Si vuelve a tenerlo, puede volver a vos.
  • ¿Qué hace hoy para resolverlo? Esa es tu competencia real, aunque no sea otro local: puede ser arreglárselas sola, aguantar o no hacer nada.

La promesa es una sola oración: Ayudo a [quién] a [lograr qué] sin [el problema que tenía].

Por qué conviene una promesa angosta: quien tiene ese problema tiende a reconocerse enseguida y es más fácil que se la cuente a otros como él. Una promesa amplia ("hago de todo") no la reconoce nadie.

Cuidado con angostar mal. Si la promesa te aleja de tu oficio o deja afuera a tus mejores clientes, la angostaste en la dirección equivocada. Podés seguir atendiendo otros pedidos: la promesa es cómo te presentás, no un contrato.