La regla: la IA hace borradores y ordena; vos decidís y revisás. El reparto depende de la tarea, no de qué tan "inteligente" parezca la herramienta.
Se queda con vos:
- El criterio: qué trabajo aceptás, qué precio ponés, cuándo decís que no.
- El gusto: lo que hace que tu trabajo se reconozca como tuyo.
- La relación con el cliente: la charla delicada, el reclamo, la confianza.
- El oficio: lo que el cliente vino a buscar.
Se puede pasar a la IA: borradores de mensajes que se repiten, ordenar información que ya tenés (una lista de pedidos, tus notas) y un primer texto que después corregís.
Tres preguntas para una tarea: ¿se repite seguido?, ¿un error se puede corregir antes de que llegue al cliente?, ¿puedo revisar el resultado yo? Si las tres son sí, es candidata.
Revisar es tu trabajo. Un asistente puede escribir con total seguridad algo que está mal: un dato inventado, una fecha, un plazo. Eso pasa incluso con los modelos más avanzados, y por eso hay que validar lo importante. Antes de mandar, controlá nombres, fechas, montos y promesas contra lo que vos sabés, y nunca mandes algo que no leíste.
Cuidá lo que pegás. Teléfonos, direcciones y documentos de tus clientes no hace falta pegarlos en un chat para que te ordene una lista: dejalos afuera.