Un pedido vago devuelve una respuesta vaga. El asistente de inteligencia artificial (IA), como Claude, no conoce tu negocio salvo lo que vos le contás en esa conversación: tu zona, tu cliente y tus costos no los sabe. Si le escribís "ayudame con mis clientes", suele devolverte consejos que le sirven a cualquiera y, por lo tanto, a nadie. Para esta unidad alcanza con WhatsApp y un navegador: no hay nada que instalar ni que programar.
Antes de abrir el asistente, ordená tres cosas en tu cabeza o en un papel:
- El problema: qué pasa hoy, con un hecho que puedas contar. "Mando los presupuestos a los tres días y pierdo trabajos", no "me va mal".
- El resultado: cómo sabrías que se resolvió. Tiene que poder verse o contarse: "mandar cada presupuesto el mismo día".
- El límite: lo que no vas a hacer o no podés gastar. Puede ser tiempo, plata o algo que no cambia, como no salir de tu zona.
Con esas tres cosas armás el pedido. Sumá quién sos, para quién es y pedile que te haga preguntas si le falta información.
Si la respuesta sale genérica, lo primero que conviene revisar es qué le contaste. Agregá un dato real y pedí de nuevo.
Pensar primero no es perder tiempo: te evita respuestas que después no podés usar. Y la decisión final sigue siendo tuya.