Se mide lo que escribiste en el objetivo. Con el caso inventado de Sol, que tiene un consultorio de kinesiología y quiso agendar turnos por WhatsApp, los números que importan son cuánto gastó, cuántas conversaciones empezaron y cuántos turnos se agendaron. Los «me gusta» son más fáciles de mirar, pero no te dicen si lograste eso.
Dos cuentas simples. Costo por conversación = gasto ÷ conversaciones. Costo por turno = gasto ÷ turnos. Si Sol gastó $20.000 y se iniciaron 8 conversaciones, cada una costó $2.500. Si se agendaron 4 turnos, cada turno costó $5.000.
No existe un costo «bueno» para todos. Depende de lo que ganás por cada venta. Si un turno te deja $4.000 y cada uno te costó $5.000 en anuncios, en la primera visita perdés plata. Para sostenerlo hay que bajar el costo, subir el precio o contar con que el cliente vuelva, y eso se mira aparte.
Qué hacer con lo que ves. Cortá lo que gastó y no trajo nada, repetí lo que trajo consultas a menor costo, y cambiá una sola cosa para la próxima. Si hay muchas consultas y casi nadie agenda, mirá la oferta y cómo respondés.
El balance con la IA. Pasale tus números reales, tu objetivo y lo que ganás por venta, sin datos personales de clientes. Pedile las cuentas y qué cortar, repetir y probar. Revisá las cuentas y decidí vos. Si habla de «promedios del mercado», preguntale con qué compara.