Una campaña es un empujón con principio y fin. No es «publicar más»: es una decisión tomada de antemano sobre qué querés lograr, con quién, con qué oferta y hasta cuándo.
Cinco piezas. Un objetivo (una sola cosa que puedas contar: conversaciones, turnos, pedidos), un público (un tipo de persona, no «todo el mundo»), una oferta (qué recibe, a qué precio y con qué condiciones), un mensaje (la frase con la que se reconoce) y las fechas de inicio y de fin.
Por qué el final importa. Sin fecha de cierre no sabés cuándo mirar los resultados ni qué cambiar. Con fecha, al terminar tenés algo para comparar y aprender.
Un ejemplo inventado para practicar. Hugo es gasista matriculado. «Publicar más sobre calefactores» no es una campaña. Esto sí: durante tres semanas, ofrecer la revisión anual de calefactores a quienes viven en casas del barrio con calefactor a gas, por WhatsApp, con un objetivo: agendar turnos.
Un objetivo que se pueda contar. «Que me conozcan más» no se cuenta. «Agendar revisiones por WhatsApp» sí. Y es uno solo: con tres objetivos no sabés cuál funcionó.
La IA, en su lugar. Te ordena la idea y te pregunta lo que te falta. Pero el objetivo, la oferta y el precio los decidís vos: ahí está tu negocio.
Sin promesas. Nadie puede garantizar cuántos clientes trae una campaña: este curso te enseña a armarla, probarla en chico y medirla.