Una página sola, clara y publicada vale más que un sitio perfecto que nunca sale. Tu página no tiene que impresionar: tiene que contestar, en este orden, las preguntas de quien llega desde el celular.
Las cinco piezas:
- Qué hacés, en una frase que entienda alguien que no es del rubro.
- Para quién, así la persona se reconoce o se va.
- Prueba: fotos reales de tu trabajo y reseñas verdaderas, con permiso de quien aparece.
- Rango de precio: un "desde" claro, con qué incluye.
- Un solo contacto, el que más usás, por ejemplo un botón que abra tu WhatsApp.
Qué dejar afuera de la primera versión: el blog, el chat, la tienda online, las diez secciones del menú. Si algo no ayuda a que alguien te escriba hoy, queda para después.
Cómo se arma. Con una herramienta sin código, como Google Sites, Wix o Carrd. Sus planes cambian: mirá la página oficial el día que elijas. La IA te ayuda con el texto a partir de tus datos reales, y el enlace va en tu ficha de Google.
Lo que publicás te compromete. En la Argentina, la ley de defensa del consumidor suele leerse así: lo que decís en tu publicidad puede terminar formando parte de lo que prometiste. Es una orientación general, no asesoramiento legal. En la práctica, publicá solo un precio o una promesa que puedas cumplir, y a una promoción ponele desde y hasta cuándo vale. Ante dudas, consultá a un profesional.